Deseo asumir que todos estamos conscientes de lo saturados de información que nos encontramos: redes sociales, anuncios, dispositivos tecnológicos, descentralización vrs centralización, globalización vrs nacionalismo, inteligencia artificial vrs inteligencia humana, que nos alejan cada vez más del contacto personal. Lo más gracioso es que nunca antes habíamos tenido tanta tecnología para conectarnos y, paradójicamente, nunca antes hemos tenido menos contacto personal.
Allí es donde viene la necesidad de encontrar al otro a través del re-encuentro con nosotros mismos; y la mejor forma es destinar los espacios necesarios para llegar a lo profundo de nuestro ser y allí re-descubrirnos y re-inventarnos constantemente. Esculpir nuestro yo interno, es una tarea que nunca acaba, un contacto que no m
No descarto, como lo veremos más adelante, que las redes sociales son muy útiles si los convertimos en instrumentos de nuestro crecimiento personal, social y espiritual. ¡Sí espiritual!, porque hoy hablaremos de espiritualidad.
Dice Cesáreo Amezcua Viedma, en su libro Coaching Espiritual, 2016, que “la espiritualidad es un proceso de búsquedas y encuentros para seguir buscando, que parte del interior y al interior regresa, teniendo como punto de referencia la experiencia mística que naturalmente se proyecta al exterior”.
La oración y la meditación son algunos de los mecanismos que nos ayudan en esa búsqueda y encuentros internos, para seguir buscando de manera insaciable esa experiencia mística que pueda proyectarse hacia fuera y dar ese reconocimiento a la persona más importante en nuestra vida, esa, cómo digo en mis sesiones, “con quien pasamos las 24 horas del día, nosotros mismos”.
Existen muchísimas formas de meditar y orar, ¿Es la oración y meditación una forma de sanar? ¿Donde encontramos las puertas que a veces se mantienen cerradas por temor a cambiar, a salir de nuestras zonas de confort y saltar a nuevas zonas de aprendizaje?
Aunque no tengo nada en contra de los rezos, la oración y la meditación son procesos de descubrimiento y sanación interna, donde revisamos aquellas cosas que no nos permiten crecer y abandonar comportamientos improductivos que lesionan nuestra relación personal, interpersonal y comunitaria.
Muchas veces, cuando tratamos de mejorar nuestras habilidades blandas ignoramos la parte espiritual, la cuál se encuentra en el cuerpo del iceberg que se cobija bajo lo profundo del agua glacial, donde se construyen el carácter y las bases de nuestra personalidad, pero es allí mismo donde se enraízan creencias antagónicas que no permiten el crecimiento.
En un blog anterior, habíamos conversado sobre las cuatro principales habilidades blandas a desarrollar: Conocimiento de sí mismo, Capacidad de Escucha, Comunicación, Automotivación, si deseas conocer más de ellas, revísalas acá.
El común denominador de las tres primeras es el centro mismo de la persona, es la capacidad que tengamos cada uno de regresar a nuestro interior y “vaciarnos de nosotros mismos” para poder “llenarnos de la historia de los otros”.

Descubrir las zonas de confort
Las zonas de confort son aquellos estadios de vida en las cuales nos sentimos cómodos, no es precisamente un espacio físico, antes bien es mental, emocional y espiritual, que nos lleva en consecuencia a acomodarnos a la forma cómo veo las cosas, como las expreso y por ende, los resultados que obtengo.
Existe una fantasía de que esa zona nos protegerá de los dos miedos básicos humanos: miedo al ataque y miedo a la pérdida. Desde nuestro cerebro primitivo, se activan mecanismos de auto-conservación que hoy en día ya no son necesarios para los propósitos que fueron creados originalmente: la supervivencia.
Estos miedos implicaban una palanca poderosa para la auto-conservación, hoy siguen teniendo vigencia, pero pueden ser procesados de manera muy productiva como palancas de auto-desarrollo.
¡Sí! Aquello que nos susurra internamente que nos resistamos al cambio, porque la consecuencia es mala, quiero decirles que no lo es, ¡es buena! es un anuncio de que los mecanismos, que ahora les llamaremos de auto-desarrollo, se han activado y es el momento de poner en práctica protocolos para movernos en lugar de paralizarnos. Hoy esos mecanismos, nos avisan con su ausencia o presencia, que solo estamos defendiendo la portería, pero no atacando al oponente, es decir, no estamos en la dirección de movernos al siguiente nivel.
Primera zona de aprendizaje: el encuentro
En el momento en que sales de tu zona de confort, empiezas a experimentar un primer vértigo, algo parecido a las “mariposas en el estómago” que a veces se convierten en dragones. Y allí pueden suceder dos cosas: o avanzas o das vueltas en círculo.
La primera zona de aprendizaje, ayuda a la persona a convivir con los miedos de los primeros pasos, la inestabilidad que te deja la ausencia de la fantasía de la seguridad que la zona de confort creías que te ofrecía.
Durante este período puede encontrarse dando vueltas a un concepto, idea o acción, de forma tal que se encontrará una y otra vez con los mismos puntos de acción. No hay que asustarse, estás aprendiendo, estás viviendo tu propia “Experiencia de Desarrollo”. Allí es donde regresar a las bases al cuerpo del iceberg que conversamos al inicio, es muy importante.
El aprendizaje dialéctico se produce cuando se tiene la capacidad de colocar dentro de uno mismo un significado externo de lo que hemos capturado en esa “Experiencia de Desarrollo, pero cuidado, porque ese significado viene de adentro, de nuestras propias creencias y paradigmas.
Lo curioso de todo esto es que, la única forma de que descubra estas reacciones en su persona, es entrando dentro de sí mismo, porque es en ese “Castillo Interior” como lo nombrara Teresa de Jesús, que está dentro de nosotros donde necesitamos ir abriendo paulatinamente cada puerta para descubrir lo que cada morada encierra y los beneficios que trae consigo.
Esta primera zona de aprendizaje, nos ayuda a entender cuáles fueron las principales creencias limitantes que nos mantenían sujetos a la zona de confort, e iniciamos a construir nuevas creencias expansivas para replantear la forma en que aprendemos y comprendemos el mundo.
La primera zona de aprendizaje lleva consigo un posible peligro y es, convertirla en una extensión de la zona de confort, en lugar de apalancarse en ella para alcanzar la zona de máximo potencial.
Sin embargo, es también esta primera zona de aprendizaje la que permite a quien la experimenta, probar las mieles del desafío y de la libertad personal. Es aquí donde la persona empieza vivir una verdadera “Experiencia de desarrollo” porque descubre los recursos internos que hasta el momento habían permanecido en alguna de las primeras moradas del “Castillo Interior” de Teresa.
Segunda zona de Aprendizaje: exploración
Es la segunda zona de aprendizaje la que nos ofrece una verdadera plataforma que impulsa ese conocimiento interno y que transforma en resultados concretos el encuentro con el otro, a partir del encuentro con nosotros mismos.
Es en esta zona de exploración, donde empezamos a construir un nuevo camino, encontramos cosas que están fuera de lugar en ese inventario personal que se esconde en las primeras moradas del “Castillo Interior”. Es como cuando te mudas de residencia y te percatas de muchas cosas que están allí que no has usado durante años y decides que ya no son necesarias, o bien, algunas otras que no sabías que tenías y ahora puedes ponerlas en a tu servicio.
La zona de exploración lleva a la persona a inventariar esas nuevas cosas de las que podrá valerse en el nuevo camino a recorrer y es menos frecuente la mirada en el retrovisor, el cuál sólo se utiliza para mirar lo que se va dejando cada vez más y más atrás.
Es en esta zona donde inicia el proceso de la nueva configuración personal, donde los procesos de introspección a través de la oración y de la meditación, se vuelven indispensables para almacenar oxígeno suficiente para la nueva obra.
Los pasos son más firmes, y parece que se ha activado un sistema especial que detecta otras conductas que antes no percibía tan fácilmente: aprende a descubrir los momentos en los cuales está aplicando la escucha selectiva, la escucha activa o la escucha empática (si deseas conocer más, revisa aquí); los conceptos inconexos de comunicación, empiezan a configurarse como un rompecabezas donde cada pieza va conformando un paisaje más claro.
Sin darnos cuenta, es aquí donde la habilidad blanda del conocimiento de sí mismo, se fortalece, sin artilugios externos o grandes medicaciones, sólo a través de la oración y de la meditación como un recurso.
Zona máxima de Aprendizaje: reinvensión
Esta cuarta zona, es la que ofrece un mayor reto, podría creerse que las anteriores son suficientes para alcanzar esta, pero no necesariamente es así.
Aquí entra en su máxima expresión la habilidad de la Auto-motivación. (si deseas conocer más revisa aquí).
El reto aquí es mirar a aquellas zonas menos exploradas donde existe un verdadero cuestionamiento de tus bases. Los viejos temores básicos y primitivos de la pérdida y el ataque, se vuelven a manifestar con mayor fuerza, porque esta vez, se trata de un abandono casi total de lo antiguo para re-escribir nuestra historia personal.
En esta zona otras actividades como el perdón personal, familiar, social, espiritual, intergeneracional revolucionan la “Experiencia de Desarrollo” a su máximo potencial. Se cuestionan todas las creencias, incluso aquellas más básicas, las nuevas, las expansivas, las que se habían convertido nuevamente en “los becerros de oro” y es aquí, donde se percibe, en su máxima expresión, la reinvención permanente como mecanismo de supervivencia.
Se descubre que la zona de confort era una cárcel que impedía alcanzar su máxima zona de aprendizaje, pero que al mismo tiempo, no tener un suelo firme, obliga a que reconozca el cambio como la norma, no como la excepción, y que ese cambio traerá consigo el susurro de los viejos miedos básicos, los cuáles sólo podrá vencer, a través de regresar una y otra vez a la oración y la meditación.

La oración y la meditación: ser, no es estar o hacer
Al inicio de este blog, comentábamos sobre la utilidad que podrían tener los abundantes medios tecnológicos con los que se cuenta hoy en día.
Una de las mayores utilidades que podemos darles es el trasiego de mensajes reflexivos, distribución de actividades que conducen a un encuentro de uno con uno en ese “Castillo Interior”.
Si sabemos utilizar la información y discriminarla apropiadamente, puede contribuir con el nuevo rediseño personal, en permanente cambio, con creencias expansivas que lo potencialicen. Pueden servirnos de espejo para vernos o no reflejados en él.
Sin embargo, también se peca por abundancia a tal nivel que empezamos a archivar información en ese estante pasivo que se llama subconsciente, y que peligrosamente puede convertirse en las nuevas creencias limitantes. Fácilmente podríamos regresar a los refranes populares de: “por eso es mejor cada quien en su casa”, “cada palo que aguante su vela”, “más vale pájaro en mano que cien volando”, “del ahogado el sombrero”.
La zona de máximo aprendizaje: la reinvención, necesita reclamar contantemente espacios de oración y meditación, con el fin de encontrar nuevos trozos inconexos, nuevos recursos y transformarlos en términos trabajables.
Esta zona no es en sí misma un fin, sino un camino, una actividad que requiere escribir, leer, interpretar, reescribir, volver a leer y volver a interpretar. No para obtener un producto terminado, sino un producto transformable, una obra maleable, que se reconstruya a sí misma, configurándose con el otro.
Llegados a este punto, es cuando la “Experiencia de desarrollo” acumula vivencias que pretenden convertirse en recursos a los cuales acudir, para volver a reinventarnos y sanarnos poco a poco, dejando atrás el apego material y mental y los viejos miedos, los cuales van perdiendo fuerza, conforme la sanidad llega a través de la oración y la meditación.
No importa el método que utilice: la escritura, la contemplación, la respiración como palanca de concentración, lo que sí importa es que en cualquier método utilizado sea para encontrarse con la persona con quien convive las 24 horas al día, a esa que ignora, que le grita de mil formas sus inquietudes, sus temores, su estrés y sus aciertos y desaciertos, esa persona es usted mismo, quien puede convertirse en un buen médico, coach, compañero, amigo, ese que se encuentra en la oración y la meditación.
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Marjorie Leiva D.
Master Coach & Mentor
«Me dedico a apoyar a las personas & organizaciones para que descubran su grandeza mientras yo construyo la mía»